Anécdotas

Nota aclaratoria: Esta página contiene una serie de anécdotas recopiladas por el personal de campo del proyecto. Las anécdotas describen una serie de situaciones que muestran el lado humano del proyecto. Algunas anécdotas son graciosas y otras no lo son tanto, pero todas nos invitan a la reflexión y a recordar que el trabajo de campo es una oportunidad de interactuar con la gente y compartir sus sueños, alegrías y angustias.

Los nombres y las locaciones han sido cambiados por respeto a los protagonistas, sin embargo el objetivo de mostrar el lado humano del proyecto a través de anécdotas no se pierde.

Las anécdotas fueron escritas en forma de cuentos por Pepe Silva, un viejo campesino que viene a sacarnos de la rutina para meternos en su prosa. Pepe Silva, un montañés genuino y un personaje que Roger Bonilla se encontró un día en la cascada de su pensamiento y le dio refugio en su corazón.

¡Que disfruten las anécdotas!

Costa Rica es un país muy bonito, sus paisajes, sus montañas, sus ríos y cascadas. Las sonrisas de los niños... la neblina que cubre las montañas en las mañanas... el aire fresco... el frío del mes de Diciembre... el olor a café en la tarde. La Costa Rica rural es hermosa... praderas con vacas pastando... agricultores sembrando la tierra... El campesino costarricense. Rostros curtidos por el sol y el frío, pero que sonríen amablemente al paso del forastero. Gente sencilla, de buen corazón, que ayudan a cualquier persona que está en necesidad. Así es el campesino, aquí y en todas partes del mundo.

De las cosas bonitas que es trabajar en este proyecto, es que se pueden conocer muchos caminos de Costa Rica. Y a propósito de caminos, les cuento que algunos caminos son de difícil acceso. Piedras, lodo, piedras con lodo, y todo eso. A veces el automóvil del proyecto, el famoso "Cecepito" pasa grandes dificultades para llegar a las casas de los pacientes. Qué difícil debe ser para el campesino pasar por estos caminos cuando va a traer las provisiones a la tienda o para ir a la clínica!

Estábamos localizando a una señora y tuvimos que entrar en uno de estos caminos terribles. El "Cecepito" entró hasta una parte del camino y desde allí ya no era posible avanzar.

Conocimos a Federico Peña, llamado cariñosamente Peñita por sus conocidos, un señor de 104 años, quien era una persona muy jovial y jocosa, tenía un sentido del humor exquisito. Acostumbrada a fumar cuatro puros de tabaco todos los días desde su juventud. A su edad, aún se podía amarrar los zapatos por él mismo (sin ayuda) y acostumbraba a relajarse haciendo movimientos de boxeo. Aparentemente él había sido boxeador en su juventud, de lo que nos enteramos en el momento de extraerle la muestra de sangre. Con movimientos rápidos y felinos de un campeón de peso Welter encaró a Manuel, el entrevistador:

- "Hey flaco! Ten cuidado con esa cosa, que si me duele, te doy un manazo!"

Peñita tenía mucha energía, sus reflejos físicos eran admirables, sus ideas eran lúcidas y su sentido del humor envidiable. Comía bien y no se desvelaba, de vez en cuando le gustaba uno que otro trago de ron de buena calidad. Siendo un centenario, Peñita aún era un valentino, pues hizo ruborizar a algunas de las entrevistadoras con sus piropos.

Lo siguiente es algo que nadie puede creer. En el momento que Manuel, "El Flaco" le estaba tomando la muestra de sangre, una abeja pasó zumbando cerca de su cara.

No todas las anécdotas son divertidas. Hay algunas que nos causan tristezas, otras nos causan un poco de preocupación y hay anécdotas que simplemente son muy particulares.

En una ocasión, durante una gira estaba el grupo de trabajo de campo hospedados en un hotel aparentemente de calidad dudosa. Dudosa, ¿porqué? Bueno, digo de dudosa calidad porque los baños del hotel despedían un característico aroma, muy propio de los que en donde las normas sanitarias dejan mucho qué desear.

La cuestión era tan grave que sucedió que uno de los baños de las habitaciones en donde estaban hospedados los chicos se bloqueó con quien sabe qué. El agua negra y pestilente empezó a brotar a borbollones y a rebalsarse. Muy pronto, pedazos de excretas empezaron a brotar. Uno de los chicos, el más práctico de ellos hizo todo lo posible para tratar de parar la fuga, incluso tomar las excretas con sus propias manos... Esa noche nadie durmió...

A la mañana siguiente, nadie quería saludar a nuestro héroe... con un apretón de manos!

Moraleja:
El trabajo de campo es duro y agotador... no escatimen para conseguir un hotel de primera!

El automóvil estaba simplemente atascado en el lodo. Estaba lloviendo y los caminos se habían convertido en un lodazal. No me refiero a ese lodo líquido, como agua achocolatada. Era lodo pegajoso, como una masa, con grumos, de ese que se pega a la suela de los zapatos y te hace difícil caminar. Las ruedas del automóvil giraba y giraban sin avanzar, haciendo caer una lluvia de lodo detrás que se confundía con la lluvia que caía en la Zona Norte.

Era necesario pedir ayuda. Pablo y los entrevistadores más intrépidos tomaron los paraguas y los ponchos de lluvia y salieron al camino a buscar un buen samaritano. Las siluetas de los tres hombres desaparecieron en la lluvia. Nuevamente, nos volvimos a quedar solos, escuchando el sonido de la lluvia caer fuertemente en el techo del automóvil.

Me quedé dormido... viendo caer las gotas en el cristal. Hace mucho tiempo que no dormía observando la lluvia.

Un sonido ronco me despertó sobresaltado. ¿Fue eso un trueno? No estaba seguro. Traté de identificar el origen del sonido, sin mucho éxito. Sólo lluvia y lluvia. ¿Acaso lo habré soñado?

Estaba el grupo de trabajo de campo en Esparza. Estaban haciendo una revisión de los instrumentos y del material, cuando nos dimos cuenta de que "El Chavo" había olvidado una muestra de orina en Cañas. Habíamos estado allí el día anterior y Esparza distaba de Cañas a muchos kilómetros de distancia y no podíamos perder tiempo regresando allá. Decidimos que el responsable del descuido, iría en autobús a traer la muestra a Cañas.

No recuerdo exactamente cómo se llamaba "El Chavo", creo que era Manuel o Samuel o algo así. El apodo "El Chavo" se lo había ganado por sus constantes torpezas, descuidos e imprudencias, igual que el carácter de la televisión mexicana.

Le dimos una hielera pequeña con suficiente hielo seco para traer la muestra fresca. Para "El Chavo" fue muy estresante tener que regresar hasta Cañas a traer la muestra olvidada y regresar a Esparza a reunirse con el grupo.

En el bus de regreso, nos contó "El Chavo" que estaba cansado, con la vista fija y sosteniendo la hielera. El pasajero de la par, un hombre mayor notó el cansancio de "El Chavo" y para iniciar conversación, le preguntó al mismo tiempo que señalaba la hielera.

Don Pancho, así se llamaba ese señor bromista y regañón a quien subimos al automóvil para llevarlo a su casa y allí realizarle las pruebas.

- "Don Pancho, ¿Le tomamos una fotografía?", le preguntó Jeremías, uno de los entrevistadores?

- "¿Qué? ¿Una fotografía? Hijo, déjate de esas cosas de mujercitas, que aquí hemos venido a trabajar!" replicó don Pancho al entrevistador, en medio de risotadas.

- "Hey flaco!", le gritó a Manuel, "Sí! Tú, Muerto de hambre! Con ese cuerpo, tú no aguantas un manotazo, eh?", bromeaba como si fueran grandes amigos.

Llegado cerca de su casa, Jeremías le ofreció ayudarle a bajar, a lo que don Pancho rechazó, dando un salto olímpico fuera del automóvil, como si fuera un resortes. Era muy ágil el amigo.

- "Don Pancho, ¿quiere que corramos hasta su casa para ver quién llega primero?", preguntó Jeremías al anciano, que en un abrir y cerrar de ojos, puso los pies en polvorosa, y salió disparado como una liebre, dejando una nube de polvo detrás de sí.

- "Ustedes quedan arrestados! Son sospechosos de estafa".

Fue la fulminante orden que dio el que parecía ser el jefe de los uniformados, un tal comandante Salazar, al mismo tiempo que los subordinados procedían a esposar a Manuel, Pablo y a Jeremías. De nada sirvieron ni las explicaciones, ni las identificaciones, ni los documentos que poseían los entrevistadores y mucho menos el vehículo del proyecto ("Cecepito") con un logotipo visible que rezaba "Universidad de Costa Rica".

Según parece, un grupo de estafadores andaba merodeando el barrio, supuestamente otorgando unos premios a cambio de que les dieran un porcentaje del premio, que por supuesto, los pillos cobraban de antemano.

Los vecinos en forma solidaria y organizada, así como deben ser las comunidades, denunciaron el hecho a las autoridades y establecieron una red de comunicación que afortunadamente fue efectiva... pero en las personas equivocadas!

Tremendo susto se llevó el director del Centro, cuando del teléfono público de la comisaría, los muchachos llamaron al director para aclarar el malentendido y los sacaran de la prisión.

José Pablo Vega, o simplemente Pablo es nuestro chofer durante las giras. Sin embargo, además de conducir, Pablo acostumbra a ayudar a los entrevistadores y técnicos a cargar el equipo, en la supervisión de algunas labores, a armar el equipo, entre otras cosas. Generalmente, al llegar a una casa, uno de los entrevistadores toma una muestra de sangre al paciente y posteriormente se le realizan mediciones antropométricas, finalmente se realiza una serie de entrevistas. En la etapa de las mediciones antropométricas, es necesario armar un equipo para medir el peso y la altura del paciente.

Una vez en Chacarita de Puntarenas, Mendoza, uno de los técnicos del equipo, tomó una muestra de sangre a un paciente y después fue al automóvil a etiquetarla, en donde Pablo estaba preparando el equipo antropométrico... Muy apresurado, Pablo tomó el equipo y entró en una casa y empezó a armarlo en la sala, ante los ojos curiosos e incrédulos de un ama de casa y sus hijos. La familia no decía nada, simplemente miraba curiosa cada movimiento de nuestro querido chofer... quien simplemente había entrado en la casa equivocada...

Mendoza llamó a Pablo desde la calle, pues estaba buscándolo. Una vez que lo encontró, le advirtió de su error. Pablo, visiblemente avergonzado, procedió a desarmar el equipo y a almacenarlo, deshaciéndose en disculpas con la familia.